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27 septiembre 2016 2 27 /09 /septiembre /2016 16:53

San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia

Sermones « Sobre diversos », n° 1

«Valientemente cogió el camino de Jerusalén»

Hermanos, es verdad que vosotros habéis comenzado ya a caminar hacia la ciudad en la cual habitaréis; no es en las espesuras que habéis avanzado, sino sobre el camino. Pero temo que esta vida os haga vivir en la ilusión de que va a ser larga y, de esta manera, lleguéis a obtener no una consolación, sino más bien la tristeza. Sí, temo que, para algunos, el pensamiento de que les queda todavía un largo camino a recorrer, les haga sentir un desaliento espiritual, y pierdan la esperanza de poder soportar tantos trabajos durante un tiempo tan largo. Es como si creyeran que las consolaciones de Dios no llenaran ampliamente de gozo las almas de los elegidos de manera mucho más grande que la multitud de trabajos que llenan su corazón.

Es verdad que, actualmente, estas consolaciones no las reciben más que a la medida de sus trabajos; pero, una vez alcanzada la felicidad, ya no serán sólo consolaciones, sino delicias sin fin lo que encontrarán a la derecha de Dios (sl 15,11). Hermanos, deseemos esta derecha que abraza enteramente nuestro ser. Deseemos ardientemente esta felicidad a fin de que el tiempo presente nos parezca breve (lo cual es verdad) comparado con la grandeza del amor de Dios. «Los sufrimientos del tiempo presente no son nada comparados con la gloria que muy pronto se nos revelará» (Rm 8,18). ¡Dichosa promesa que hace que nuestros deseos sean todavía más fuertes!

MI COMENTARIO:

Los católicos amamos a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo, y por ese amor nos nace hacer el bien, sólo el bien y todo el bien que debemos hacer. Quien obra así puede sentir que lleva una carga pesada (todos los días hace muchas obras de misericordia material y espiritual), pero como lo hace por amor (como una madre por su bebe), el bien de los demás reconforta (las consolaciones de Dios; sentir que uno está en gracia de Dios); sin embargo el cuerpo se cansa, los años envejecen, los sacrificios merman la salud y, quizá por eso, los santos mueren jóvenes (jóvenes para los tiempos actuales puede ser menos de 65 años) y descansan (en el cielo). Si uno hace el bien, sólo el bien y todo el bien que debe hacer, no debe temer una larga vida con mucho sacrificio o sufrimiento; Dios no nos da una carga más grande que la que podemos cargar. Debemos querer los años que nos permitan dar mucho y con mucho amor.

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Published by San Bernardo y José Calderón - en Buenos
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  • : Este blog presenta hechos actuales a favor y en contra de la vida (aborto, eutanasia, etc.), además noticias a favor y en contra de la fe cristiana y de la iglesia católica, también noticias de las contribuciones actuales de la iglesia católica a la humanidad, y por último artículos pequeños sobre temas de formación para cristianos jóvenes y adultos.
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