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16 mayo 2014 5 16 /05 /mayo /2014 15:03

ROMA, 15 May. 14 / 09:17 pm (ACI/EWTN Noticias).- Norma Romero Vázquez, compartió con ACI Prensa su historia con “Las Patronas”, un grupo de 14 campesinas católicas que cada día asisten a decenas de inmigrantes que atraviesan México a bordo de un tren de carga.

El tren es conocido como La Bestia y junto a la carga, transporta como polizontes desde el sur de México a miles de centroamericanos hacia los Estados Unidos en un viaje en el que muchos pierden la vida.

Desde el simposio celebrado el 13 de mayo en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma sobre “El compromiso social como esperanza de fe”, Romero explicó la realidad de estos inmigrantes que cada día atraviesan el pueblo en el que vive: La Patrona, Veracruz, municipio de Amatlán de los Reyes, a unos 20 minutos de Córdoba en México.

Desde 1995, cada vez que este grupo de mujeres –a las que llaman las patronas- ven pasar el tren en marcha entre sus campos, lanzan a los inmigrantes bolsas de plástico repletas de comida y botellas de agua para paliar el hambre y la sed que viven por días.

Muchos inmigrantes escapan de las mafias, de una vida precaria y llena de violencia. Viajan sin pasaporte porque posiblemente se los robaron con la esperanza de poder vivir dignamente y en paz. Muchos proceden de países de Centroamérica –como Honduras, El Salvador, Guatemala-, y llegan a pasar varios días escondidos en el tren sin probar alimento alguno. El objetivo es cruzar la frontera mexicana y llegar a Estados Unidos.

Con lágrimas en los ojos, Norma señala que en ocasiones no le alcanza la comida para alimentar a todos, pero siempre recuerda las palabras de joven inmigrante al que asistieron en sus últimos minutos de vida, después de ser arrollado por el tren: “Me voy con la esperanza de que en este mundo todavía queda gente buena en el camino”.

Estas mujeres, que apenas tienen para alimentar a sus familias, se organizan durante todo el día para asistir a los inmigrantes. Desde muy temprano salen a recoger donaciones de alimentos y agua, que después empaquetan estratégicamente.

“Preparamos el arroz –explica Norma-, y lo empacamos junto a ocho tortillas con una bolsa de frijoles. A veces también damos pasteles, pan de dulce y fruta que recogemos de los supermercados o que nos regalan… Después esperamos el primer tren, que no tiene hora y sale desde Tierra Blanca. Nos dan el aviso desde allí: ‘El tren salió y lleva tantos inmigrantes’. Entonces nos preparamos con la comida y el agua para dársela, y dependiendo del número de gente que vaya pegada al tren guisamos más o menos”.

En ocasiones, los migrantes caen del tren por distracción o se duermen a causa del cansancio, caen sobre las ruedas y son arrollados o mutilados.

“Nos hemos encontrado con personas mutiladas, algunos han fallecido y los hemos acompañado hasta la muerte. Eso es lo que más nos entristece, porque son jóvenes que muchas veces no traen documentos, muchas veces se los roban, nosotros les damos acompañamiento y una cristiana sepultura... Les llevamos una florecita y les decimos: no estás solo, aunque no esté tu familia, aquí estamos nosotros, que también somos parte de tu familia”, afirma.

Las Patronas tuvieron que luchar contra la resistencia y las críticas de sus familiares y los vecinos a causa de su perseverancia en su trabajo con los migrantes, y en el año 2013 ganaron el Premio Nacional Mexicano por los Derechos Humanos.

A lo largo del recorrido del tren, hay una red de centros de asistencia fundados por religiosos y religiosas, sacerdotes y laicos que, al igual que Norma, no podían cerrar las puertas de sus casas ni sus corazones a los migrantes.

“Somos un grupo de 14 mujeres campesinas pobres –señala Norma-, aunque tenemos riqueza espiritual, que es lo que compartimos con la gente, y aunque fuéramos ricas, querríamos seguir siendo pobres para poder compartir. Dios miró por los pobres y queremos seguir mirando por ellos”, indicó Norma.

Unas 400 mil personas atraviesan México cada año para encontrar un trabajo o para reencontrarse con su familia en los Estados Unidos. Se calcula que unos 20 mil migrantes son secuestrados por las mafias.

“Como mujeres de fe queremos ser agradecidas con Dios por lo que nos ha dado. Y lo que nos ha dado es trabajo, salud y una gran familia a nuestro lado que camina con nosotros. No necesitamos tener tanto para compartir, nos basta con tener salud. Nadie nos paga por ayudar a los inmigrantes, y mucho menos nuestro gobierno. Esto es gracias a toda la gente que ha crecido en nosotros y la confianza que Dios ha puesto en nosotras de la esperanza de al mismo tiempo dar esperanza a quienes comienzan este viaje”, concluyó Norma.

Al final del simposio se difundió un documental sobre el trabajo de Norma Cruz con estos migrantes, titulado “Llévate mis amores”. En el que personajes reales, aseguraron desde los “tejados” del tren, que estas mujeres son “unas heroínas, un regalo de Dios en el camino”.

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Published by José Calderón - en Buenos
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